domingo, marzo 13, 2005

Siempre, de chico, me gustó mirar adentro del Koh-i-noor cuando la ropa gira y los colores se funden en uno solo a medida que la velocidad aumenta; como si uno tomase y mezclase muchos pedazos de masa de colores.

Pero luego, con la sola reducción de velocidad, los colores vuelven a separarse y tristemente vemos que el verde que en algún momento se fusionó con un rojo no era mas que la polera de la hermana con la bufanda de la madre. La ilusión óptica se termina y dejando de imaginar masas de colores vemos la realidad.

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A todo esto, como ventaja extra, tenemos la ropa seca.