Artículo 19 Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.
Algunos se ahogan en un vaso de agua, otros se lo toman. Algunos ven esto y se escandalizan, otros se dan de alta. Algunos escriben con aires de superado, otros leen y se ofenden. Otros no entienden.
Aquí están
Estos son los muchachos de Got.Vertigo

Nico, Juan, Diego, Pablo, Rumi, Marce y Musa

Nico, Juan, Diego, Pablo, Rumi, Marce y Musa
Etiquetas: Trabajo
Decía mi abuelo
mecache indiés.
Mientras tanto sigo planteándome que debería hacerme ciertos planteos.
Mientras tanto sigo planteándome que debería hacerme ciertos planteos.
Las piernas
1993, colegio primario. Mi señorita era Teresita.
Teresita algunas veces usaba una pollera cortita y unas medias de esas que hacen parecer las piernas suavecitas y bronceadas; y a mi me gustaba mucho cuando la veía. Sabía que era un verso, que eran medias, pero así y todo me gustaba.
Un día vino un tal Barraganes -con quien no tenía mucho trato porque era de la otra división- y entre pitos y flautas me dijo "a vos te gusta tu señorita".
¿Cómo supo, si yo no se lo había dicho a nadie? ¿Tanto se notaba que le miraba las piernas a la señorita Teresita?
Termino cayendo ahora: al barriga también le gustaba mi señorita.
Teresita algunas veces usaba una pollera cortita y unas medias de esas que hacen parecer las piernas suavecitas y bronceadas; y a mi me gustaba mucho cuando la veía. Sabía que era un verso, que eran medias, pero así y todo me gustaba.
Un día vino un tal Barraganes -con quien no tenía mucho trato porque era de la otra división- y entre pitos y flautas me dijo "a vos te gusta tu señorita".
¿Cómo supo, si yo no se lo había dicho a nadie? ¿Tanto se notaba que le miraba las piernas a la señorita Teresita?
Termino cayendo ahora: al barriga también le gustaba mi señorita.
Juan es bueno
...después de ver ningunos títulos me doy cuenta de que quizás yo tambien quería una escena de película.
Desde el alma
Alma, si tanto te han herido,
¿por qué te niegas al olvido?
¿Por qué prefieres
llorar lo que has perdido,
buscar lo que has querido,
llamar lo que murió?
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena,
tan buena como fuiste
por amor.
Fue lo que empezó una vez,
lo que después dejó de ser.
Lo que al final
por culpa de un error
fue noche amarga del corazón.
¡Deja esas cartas!
¡Vuelve a tu antigua ilusión!
Junto al dolor
que abre una herida
llega la vida
trayendo otro amor.
Alma, no entornes tu ventana
al sol feliz de la mañana.
No desesperes,
que el sueño más querido
es el que más nos hiere,
es el que duele más.
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena,
tan buena como fuiste
por amor.
Homero Manzi
¿por qué te niegas al olvido?
¿Por qué prefieres
llorar lo que has perdido,
buscar lo que has querido,
llamar lo que murió?
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena,
tan buena como fuiste
por amor.
Fue lo que empezó una vez,
lo que después dejó de ser.
Lo que al final
por culpa de un error
fue noche amarga del corazón.
¡Deja esas cartas!
¡Vuelve a tu antigua ilusión!
Junto al dolor
que abre una herida
llega la vida
trayendo otro amor.
Alma, no entornes tu ventana
al sol feliz de la mañana.
No desesperes,
que el sueño más querido
es el que más nos hiere,
es el que duele más.
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena,
tan buena como fuiste
por amor.
Homero Manzi
I'm not paid for that
Primer día en Quebec. Después de un fútbol con amigos de mi papá, agarré el auto y fui a visitar a Gala a la casa de Jacques Cartier al 500. Justo antes de salir, mi papá me dice que el auto tenía poca nafta, que seguramente podía ir y volver de lo de Gala, pero que igual prefería que le ponga un poco más de combustible. Me dijo dónde quedaba la estación de servicio más cercana; una sobre la calle King, me dio la tarjeta de débito de él y me pasó los cinco números de la clave.
Subí al auto, un auto negro muy lindo y muy pistero; y siguiendo un poco el mapa y un poco las instrucciones de mi papá fui a la estación. No había playeros, solamente una gordita rubia en una cabinita, al fondo. Estacioné el auto en el surtidor, bajé y busqué la tapita del tanque. La encontré del lado del conductor, sobre el guardabarros; pero no tenía manera de abrirlo: no se podía abrir por la fuerza, estaba trabado, ni tenía un agujerito para la llave.
Entré a la cabinita donde estaba la gorda rubia; y le dije en inglés que quería cargar nafta. La gorda, cuyo idioma materno era el francés, sacó la mirada de la revista que estaba leyendo y me dijo en un inglés de muy mala gana "I'm not paid for that".
Maldita gorda.
Entonces con mucho esfuerzo le pregunté, esta vez en francés (creo) cómo hacía para abrir la tapita del tanque. Me contó que, al lado del asiento del conductor, del lado de la puerta, hay una palanquita que solamente se ve con la puerta abierta, que sirve para abrir el tanque; y otra para abrir el baúl. Salí de la cabinita, abrí el auto y, efectivamente, estaba ahí la palanquita. Tiré y sentí el ruido de la tapa abriéndose.
Cargué nafta, literalmente. Era autoservicio. Tomé el pico del surtidor, apreté la manija y sin saber bien cuánto había cargado, después de un rato lo apagué. Entré de nuevo a la cabinita, le dí la tarjeta a la gorda, que la pasó por el posnet y estirando la mano lo dio vuelta hacia mí. La miré para ver si me miraba, y como había vuelto la mirada a la revista, puse la clave de cinco dígitos. Me dio el ticket y me fui con mi hermana a la casa de Gala, en Jacques Cartier al 500.
Desde entonces me acuerdo esa frase: "I'm not paid for that"
Subí al auto, un auto negro muy lindo y muy pistero; y siguiendo un poco el mapa y un poco las instrucciones de mi papá fui a la estación. No había playeros, solamente una gordita rubia en una cabinita, al fondo. Estacioné el auto en el surtidor, bajé y busqué la tapita del tanque. La encontré del lado del conductor, sobre el guardabarros; pero no tenía manera de abrirlo: no se podía abrir por la fuerza, estaba trabado, ni tenía un agujerito para la llave.
Entré a la cabinita donde estaba la gorda rubia; y le dije en inglés que quería cargar nafta. La gorda, cuyo idioma materno era el francés, sacó la mirada de la revista que estaba leyendo y me dijo en un inglés de muy mala gana "I'm not paid for that".
Maldita gorda.
Entonces con mucho esfuerzo le pregunté, esta vez en francés (creo) cómo hacía para abrir la tapita del tanque. Me contó que, al lado del asiento del conductor, del lado de la puerta, hay una palanquita que solamente se ve con la puerta abierta, que sirve para abrir el tanque; y otra para abrir el baúl. Salí de la cabinita, abrí el auto y, efectivamente, estaba ahí la palanquita. Tiré y sentí el ruido de la tapa abriéndose.
Cargué nafta, literalmente. Era autoservicio. Tomé el pico del surtidor, apreté la manija y sin saber bien cuánto había cargado, después de un rato lo apagué. Entré de nuevo a la cabinita, le dí la tarjeta a la gorda, que la pasó por el posnet y estirando la mano lo dio vuelta hacia mí. La miré para ver si me miraba, y como había vuelto la mirada a la revista, puse la clave de cinco dígitos. Me dio el ticket y me fui con mi hermana a la casa de Gala, en Jacques Cartier al 500.
Desde entonces me acuerdo esa frase: "I'm not paid for that"
A ver si lo ubicás
Hace unos días un vecino me habló de un "pelotudo, un pelotudazo; mierda tenía en la cabeza, ¡mierda!"; sin saber que ése era nada más ni nada menos que yo mismo.
Golpe de sueño
Me acuesto, me tapo; me relajo, cierro los ojos, y lo espero.
Sé que va a venir antes de dormirme. Pasa casi todos los días, casi todos los días en que duermo.
Me acuesto, me tapo; me relajo, cierro los ojos; y llega: un temblor en las piernas, fuerte, repentino; un movimiento involuntario, como si estuviese pegando una patada que no quiero pegar.
Tengo la impresión de que en ése movimiento se va la tensión que me quedó durante el día, cual si fuese una descarga a tierra, saco la energía que tengo de más y recién entonces, completamente descargado, me puedo dormir.
Sé que va a venir antes de dormirme. Pasa casi todos los días, casi todos los días en que duermo.
Me acuesto, me tapo; me relajo, cierro los ojos; y llega: un temblor en las piernas, fuerte, repentino; un movimiento involuntario, como si estuviese pegando una patada que no quiero pegar.
Tengo la impresión de que en ése movimiento se va la tensión que me quedó durante el día, cual si fuese una descarga a tierra, saco la energía que tengo de más y recién entonces, completamente descargado, me puedo dormir.
Te colgaste
Qué feo cuando se pierden las cosas. Pero qué lindo cuando se pierde la vista. Se pierde, se va, y uno se sumerge en ese inesperado sueño repentino.
Pero hay gente, gente que detesto, que cuando uno se queda hermosamente colgado mirando la nada, en un ataque de lucidez y con cierta cara de "qué piola que soy", chasquea los dedos delante de los ojos, o pasa la mano abierta cual si estuviese saludando.
Lo peor de estos personajes es que actúan como si estuvieran salvando a uno de algo terrible, cuando en realidad lo sacan de algo tan lindo como soñar con los ojos abiertos.
Quizás una pesadilla, quizás un sueño hermoso; pero un sueño al fin.
Y sin que nadie haya puesto ningún despertador para cortar tan inesperado momento de descanso mental; hay alguien que vaya uno a saber por qué razón, se cree original y despierto; sin darse cuenta que el único dormido es él, que no entiende que cuando alguien descansa no hay que molestar.
Pero hay gente, gente que detesto, que cuando uno se queda hermosamente colgado mirando la nada, en un ataque de lucidez y con cierta cara de "qué piola que soy", chasquea los dedos delante de los ojos, o pasa la mano abierta cual si estuviese saludando.
Lo peor de estos personajes es que actúan como si estuvieran salvando a uno de algo terrible, cuando en realidad lo sacan de algo tan lindo como soñar con los ojos abiertos.
Quizás una pesadilla, quizás un sueño hermoso; pero un sueño al fin.
Y sin que nadie haya puesto ningún despertador para cortar tan inesperado momento de descanso mental; hay alguien que vaya uno a saber por qué razón, se cree original y despierto; sin darse cuenta que el único dormido es él, que no entiende que cuando alguien descansa no hay que molestar.
Etiquetas: cuelgues
Agua que no has de beber...
Es muy curioso que depende al bar al que vayas -e incluso depende al mejitorio al que vayas, dentro del mismo bar- un flotante defectuoso puede gastar por día dos mil litros más de agua que otro baño; según los calcos de Aguas Argentinas o Aysa.
Raro, ¿no?
Raro, ¿no?
Homenaje
Hoy, un saludo fraternal a Pocho La Pantera, sin igual; no por "El hijo de Cuca", sino por ser el primer y único artista que tiene dos apodos, ningún nombre y ningún apellido.
Un saludo a él.
Un saludo a él.
"Pueden amar los pobres, los locos y hasta los falsos, pero no los hombres ocupados"
John Donne
Mi Poza, mi Poza mariposa
con dulzura esplendorosa,
mi linda Poza mariposa,
blanca nube en que se pierde
mi cabeza revoltosa.
Ay, mi Poza mariposa
al jugar al veo veo
veo veo una cosa
sin dudar, maravillosa.
"Blanco" digo en un clamor
cuando preguntan el color.
Veo veo,
¿qué ves?
Una cosa,
maravillosa
¿Un pato blanco?
¿Un chancho rosa?
No, es mi linda mariposa.
John Donne
Mi Poza, mi Poza mariposa
con dulzura esplendorosa,
mi linda Poza mariposa,
blanca nube en que se pierde
mi cabeza revoltosa.
Ay, mi Poza mariposa
al jugar al veo veo
veo veo una cosa
sin dudar, maravillosa.
"Blanco" digo en un clamor
cuando preguntan el color.
Veo veo,
¿qué ves?
Una cosa,
maravillosa
¿Un pato blanco?
¿Un chancho rosa?
No, es mi linda mariposa.
Es un buen momenta
Si no es la tercera vez que viajamos juntos, es la segunda. Es más, creo que es la segunda.
La primera vez viajé en uno de esos asientos de adelante que miran para atrás, y ella en el lugarcito del medio; ese lugar que algunos bondioleros transforman en una pista de baile.
Siempre va parada. Pasa que justo en el tramito desde Parque Centenario a Rivadavia sube mucha gente, y se terminan de ocupar los poquitos asientos que quedan.
Como pasó hoy, hace un rato. La segunda vez que viajamos juntos.
Hoy, de nuevo, estaba con una compañera de la facultad. Iban hablando en voz alta, bastante divertidas. La amiga no me cae del todo bien.
-Podría darle el asiento.
Si, podría haber sido.¡Pero cómo arrugué! Si vieras cómo arrugué... en esas situaciones arrugo mucho. Dudé un momento, empecé a acomodar las cosas -tenía la mochila muy llena de ropa, botines, vendas, ojotas, un buzo-, bajé la música del MP3 y levanté la cabeza buscando el cruce de miradas.
-Te quiero dar el asiento- tenía escrito en la cara. -Te lo cambio por un cruce de palabras.
Con el suficiente valor juntado -mirá para qué poco necesito tanto- me levanté con una muy espantosa, horrible simultaneidad a la mina que viajaba adelante mío. La mina de adelante se levantó justo, exactamente justo, al mismo tiempo que yo, dejando detrás de sí nada más que otro lugar para sentarse.
Mi asiento ya no era el único. No valía siquiera esas palabras.
La primera vez viajé en uno de esos asientos de adelante que miran para atrás, y ella en el lugarcito del medio; ese lugar que algunos bondioleros transforman en una pista de baile.
Siempre va parada. Pasa que justo en el tramito desde Parque Centenario a Rivadavia sube mucha gente, y se terminan de ocupar los poquitos asientos que quedan.
Como pasó hoy, hace un rato. La segunda vez que viajamos juntos.
Hoy, de nuevo, estaba con una compañera de la facultad. Iban hablando en voz alta, bastante divertidas. La amiga no me cae del todo bien.
-Podría darle el asiento.
Si, podría haber sido.¡Pero cómo arrugué! Si vieras cómo arrugué... en esas situaciones arrugo mucho. Dudé un momento, empecé a acomodar las cosas -tenía la mochila muy llena de ropa, botines, vendas, ojotas, un buzo-, bajé la música del MP3 y levanté la cabeza buscando el cruce de miradas.
-Te quiero dar el asiento- tenía escrito en la cara. -Te lo cambio por un cruce de palabras.
Con el suficiente valor juntado -mirá para qué poco necesito tanto- me levanté con una muy espantosa, horrible simultaneidad a la mina que viajaba adelante mío. La mina de adelante se levantó justo, exactamente justo, al mismo tiempo que yo, dejando detrás de sí nada más que otro lugar para sentarse.
Mi asiento ya no era el único. No valía siquiera esas palabras.
Malingas

Etiquetas: perra gringa
