Antes que nada, el cierre de Fibertel es lo que manda la ley y está bien. No todo lo que dice la ley está bien, pero algunas cosas las podemos pasar por alto y otras no; aunque no debamos.
Una breve introducción
¿Cuál es el problema con Fibertel? El problema es un conjunto de cosas que voy a intentar explicar a continuación.
En Argentina había varias empresas de televisión por cable distribuidas a lo largo y lo ancho del país. Multicanal era una de ellas, CableVisión -fundada por Eurnekian- era otra. Y en muchos pueblos había empresas de cable zonales.
Los canales de cable le venden sus señales a las empresas de cable, quienes las distribuyen a sus abonados. En este caso TyC Sports le vendía su señal a varias empresas de cable, entre las cuales estaban Multicanal -del mismo grupo- y CableVisión, de Eurnekian. Obviamente TyC le cobraba más a CableVisión que a Clarín; ya que con Clarín compartían dueño. Por lo tanto CableVisión tenía dos opciones: competir con Multicanal sin poder ofrecer TyC Sports; o bien pagarle a su propia competencia para poder competirle un poco más fuerte.
Esta simple operatoria ya demuestra la necesidad urgente que tenemos de una ley de medios que prohíba que la misma empresa esté de los dos lados del mostrador al mismo tiempo.
Tiempo más tarde Cablevisión se da cuenta de que teniendo ya el tendido de cable para la tele, podían mandar Internet por el mismo cablecito. Entonces funda Fibertel. Al mismo tiempo, Ciudad Internet -empresa del grupo Clarín- lanza su Ciudad Flash, proveyendo internet mediante el cableado de Multicanal; lo cual generaba una competencia ya más clara entre las dos operadoras de cable.
Multicanal en lugar de dedicarse a competir fuerte en Capital y La Plata con Cablevisión decidió expandirse al resto del país. Para eso empezó a ofrecer servicio de televisión por cable en diferentes pueblos, cobrando muy muy muy barato el abono -mucho más barato que los prestadores de cada lugar- y ofreciendo también TyC Sports; que deliberadamente no vendía su señal a los competidores de Multicanal. Incluso yendo a pérdida, Multicanal empezó a tener cada vez más clientes y logró que los pequeños proveedores de cable empiecen a fundirse. Cuando esa situación llegaba lo que hacían era comprar la empresa de cable entera; con sus oficinas, sus autos, sus empleados, su tecnología y lo más importante: su cableado.
Así Multicanal pasó a ser la empresa más importante de televisión por cable del país. Compitiendo gracias al poderío del grupo que tenía varios canales propios, ofreciendo servicios yendo a pérdida -total el resto del grupo podía bancar esa inversión.
No mucho después Multicanal se fusionó con CableVisión, armaron una empresa más grande aún; Fibertel se disolvió y al no existir más ya no puede hacer uso de su licencia de proveedor de internet. ¿Ciudad Flash? Murió, se disolvió también.
¿Cómo afecta al usuario?
Al usuario lo afecta mucho porque le van a cortar internet en 90 días. Esto no es del todo cierto; el estado tiene que garantizar que si no es posible el paso del usuario a otra empresa podrá seguir usando el servicio de Fibertel. Las empresas que absorban estos clientes van a tener que ofrecer el mismo servicio por el mismo importe, y sin cobrar costos de inscripción ni nada similar.
Lo que importa de toda esta historia es que el cableado que Fibertel usaba sigue existiendo. Quiere decir que por más que Fibertel no exista, hay cables ya tendidos a lo largo y a lo ancho de todo el país. Existe una red de datos inmensa, que puede transmitir muchísima información y que pertenece a Cablevisión.
Haciendo un paralelismo con las conexiones ADSL -Speedy, Arnet, Sion, etc- creo que se podría lograr que la red de cables de Cablevisión sea usada por diferentes proveedores. Hoy día los usuarios de Speedy, por ejemplo, pagan un abono a Speedy por los datos, y un abono a Telefónica porque esos datos viajan a traves de su cable. En este caso no hay tanta diferencia porque Speedy y Telefónica son la misma empresa; pero si tuvieses Sion, por ejemplo, pagarías un pedacito del abono a Sion y otro pedacito a Telefónica; porque Sion usa su cable para que la información llegue a destino. Algo así se podría hacer con la red de Fibertel; darle acceso a varias pequeñas empresas de cada pueblo para que use la red de cables como medio para brindar internet. Éso es lo que debería suceder.
Hasta que eso suceda no va a haber otra alternativa que caer en el monstruo gigante de las telefónicas; Telecom y Telefónica. Esto va a ser por un tiempo, un año quizás, quizás más o quizás menos; pero sin dudas va a fomentar una mayor competencia a largo plazo, pagando el precio de casi nula competencia en el corto plazo. Es un momento de transición.
¿Qué pasa con el dominio? ¿Qué pasa con mi mail @fibertel.com.ar?
El dominio fibertel.com.ar pertenece a Cablevision según consta en los registros de www.nic.ar -la autoridad competente para asignar nombres de dominio en nuestro bendito país. Cablevisión tiene los medios monetarios, técnicos y tecnológicos para mantener vivo el servicio de correo electrónico @fibertel.com.ar; pero también tiene el derecho -por ser el dueño- de borrarlo y listo. Esto quiere decir que por más que la empresa se haya disuelto, el nombre de dominio fibertel.com.ar puede seguir existiendo y por lo tanto los correos electrónicos @fibertel.com.ar pueden seguir andando. La cuestión es que quizás Cablevisión quiera generar más impacto en los usuarios y decida entonces dar de baja el servicio. Esto sin duda generaría un problema enorme para todos los usuarios.
La solución ideal, lo que yo propondría, es que a cada usuario se le envíe un correo electrónico recordandole todas las direcciones @fibertel.com.ar que tiene creadas y sus contraseñas. Después se le tendría que dar una página donde puedan acceder con su nombre de usuario, ejemplo pinosolanas@fibertel.com.ar y su contraseña; y en esa pantalla puedan escribir una dirección de correo diferente donde deseen recibir sus correos, como ser pinosolanas@hotmail.com. Cada correo que se envie a pinosolanas@fibertel.com.ar va a ser reenviado a pinosolanas@hotmail.com ; de este modo don Pino Solanas no tendría que reimprimir todas sus tarjetas personales de nuevo y la gente que lo quiera contactar a su correo de Fibertel va a poder hacerlo sin ningún tipo de problema. Implementar esto es sumamente fácil y económico; así tengo configurado mi correo electrónico con un costo cero. Si a mí, Nicolás Andrade, me sale cero; a Fibertel le saldría casi cero.
¿Está bien el cierre de Fibertel?
Sí, está bien. Es una medida que si bien hoy día desfavorece la competencia y por lo tanto empeora el mercado, en un tiempo no muy lejano va a favorecer muchísimo la competencia, va a crear nuevas empresas de interet en diversos lugares y va a generar que las grandes empresas le tengan mayor respeto a la legislación vigente.
Artículo 19 Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.
martes, agosto 24, 2010
viernes, agosto 13, 2010
No resbaló
Hace unos días pasé por una placita y me tiré por el tobogán; y no resbalé. ¿Será que ya no estoy para toboganes? Pero si hace apenitas 15 años me tiraba por el tobogán de la placita Monroe, ¿cómo puede ser que ya no resbale?
lunes, agosto 09, 2010
El ascensor
Esta es la escena que Marcelo Crea y yo preparamos para la muestra de Teatro Creativo de Diciembre 2009; en el teatro Club del Bufón. Fue pensada, escrita y protagonizada por nosotros; con la dirección de Lucas Merayo.
Gracias a Christian que nos grabó en HD!
Gracias a Christian que nos grabó en HD!
martes, agosto 03, 2010
No sé si les dije pero comer fiambre les puede dar cáncer
domingo, julio 18, 2010
Placita Monroe
Ver mapa más grande
Featuring la calesita de Don Roberto; el almacén de Don Vicente y la casa de la tía Dora. Si me habré raspado con esas piedritas rojas.
miércoles, junio 23, 2010
Pensando en irme
Macanudo, Mafalda, El Principito; son esas lecturas que uno se lleva de viaje y termina de leer incluso antes del despegue.
martes, mayo 18, 2010
Mayor, el viejo cerdito
Ya estaban presentes todos los animales, excepto Moses, el cuervo amaestrado, que dormía sobre una percha detrás de la puerta trasera. Cuando Mayor vio que estaban todos y esperaban atentos, aclaró su voz y comenzó:
-Camaradas: vosotros os habéis enterado ya del extraño sueño que tuve anoche. De eso hablaré enseguida. Primero tengo que decir otra cosa. Yo no creo, camaradas, que esté muchos meses más con vosotros y antes de morir, estimo mi deber transmitiros la sabiduría adquirida. He vivido muchos años; dispuse de bastante tiempo para meditar mientras he estado a solas en mi pocilga y creo poder afirmar que entiendo la naturaleza de la vida en este mundo tan bien como cualquier otro animal viviente. Respecto a eso deseo hablaros.
-Veamos camaradas: ¿cuál es la realidad de esta vida nuestra? Mirémosla de frente: nuestras vidas son miserables, laboriosas y cortas. Nacemos, nos suministran la comida necesaria para mantenernos y a aquellos de nosotros capaces de hacerlo nos obligan a trabajar hasta el último aliento de nuestras fuerzas; y en el preciso instante en que nuestra utilidad ha terminado, nos matan con una crueldad espantosa. Ningún animal en Inglaterra conoce el significado de la felicidad o la holganza desde que cumple un año de edad. No hay animal libre, en Inglaterra. La vida de un animal es la miseria y la esclavitud; ésa es la pura verdad. Pero ¿es eso realmente parte del orden de la naturaleza? ¿Es acaso porque esta tierra nuestra es tan pobre que no puede proporcionar una vida decorosa a todos sus habitantes? No, camaradas; mil veces no. El suelo de Inglaterra es fértil, su clima es bueno; es capaz de dar comida en abundancia a una cantidad mucho mayor de animales que la que actualmente la habita. Solamente nuestra granja puede mantener una docena de caballos, veinte vacas, centenares de ovejas; y todos ellos viviendo con una comodidad y dignidad que en estos momentos están casi fuera del alcance de nuestra imaginación. ¿Por qué, entonces, continuamos en esta mísera condición? Porque los seres humanos nos arrebatan casi todo el fruto de nuestro trabajo. Ahí está, camaradas, la solución de todos nuestros problemas. Está todo involucrado en una sola palabra: Hombre. El Hombre es el único enemigo real que tenemos. Quitad al Hombre de la escena y el motivo originario de nuestra hambre y exceso de trabajo será abolido para siempre."
"El Hombre es el único ser que consume sin producir. No da leche, no pone huevos, es demasiado débil para tirar del arado y su velocidad ni siquiera le permite atrapar conejos. Sin embargo, es dueño y señor de todos los animales. Los hace trabajar, les devuelve el mínimo necesario para mantenerlos con vida y lo demás se lo guarda para él. Nuestro trabajo labra la tierra, nuestro estiércol la abona y, sin embargo, no existe uno de nosotros que posea algo más que su simple pellejo. Vosotras, vacas, que estáis aquí ¿cuántos miles de litros de leche habéis dado este último año? ¿Y qué se ha hecho con esa leche que debía servir para criar terneros robustos?. Hasta la última gota ha ido a parar a las gargantas de nuestros enemigos. Y vosotras, gallinas, ¿cuántos huevos habéis puesto este año y cuántos pollitos han salido de esos huevos?. Todo lo demás ha ido a parar al mercado para producir dinero para Jones y su gente. Y tú, Clover, ¿dónde están esos cuatro potrillos que has tenido, que debían ser el sostén y solaz de tu vejez?. Todos fueron vendidos al año; no los volverás a ver jamás. Como recompensa por tus cuatro criaturas y todo tu trabajo en el campo ¿qué has tenido, exceptuando tus magras raciones y un pesebre?"
"Ni siquiera nos permiten alcanzar el fin natural de nuestras míseras vidas. Por mí no me quejo, porque he sido uno de los afortunados. Llevo doce años y he tenido más de cuatrocientas criaturas. Ese es el destino natural de un cerdo. Pero ningún animal se libra del cruel cuchillo al final. Vosotros, jóvenes cerdos que estáis sentados delante, cada uno de vosotros va a chillar por su vida ante el cuchillo dentro de un año. A ese horror llegaremos todos: vacas, cerdos, gallinas, ovejas; todos. Ni siquiera los caballos y los perros tienen mejor destino. Tú, Boxer, el mismo día en que tus grandes músculos pierdan su fuerza, Jones te venderá al descuartizador, quien te cortará el pescuezo y te hervirá para los perros de caza. En cuanto a los perros, cuando están viejos sin dientes, Jones les ata un ladrillo al pescuezo y los ahoga en la laguna más cercana." "¿No resulta entonces de una claridad meridiana, camaradas, que todos los males de nuestras vidas provienen de la tiranía de los seres humanos?. Eliminad tan sólo al Hombre y el producto de nuestro trabajo será propio. Casi de la noche a la mañana nos volveríamos ricos y libres. Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer? ¡Trabajar noche y día, con cuerpo y alma, para destruir a la raza humana!. Ese es mi mensaje, camaradas: ¡Rebelión! Yo no sé cuándo vendrá esa rebelión; quizá de aquí a una semana o dentro de cien años; pero sí sé, tan ciertamente como veo esta paja bajo mis patas, que tarde o temprano se hará justicia. Fijad la vista en eso, camaradas, durante los pocos años que os quedan de vida! Y, sobre todo, transmitid mi mensaje a los que vendrán después, para que las futuras generaciones puedan proseguir la lucha hasta alcanzar la victoria." "Y recordad, camaradas: vuestra voluntad jamás deberá vacilar. Ningún argumento os debe desviar. Nunca escuchéis cuando os digan que el Hombre y los animales tienen un destino común; que la Prosperidad de uno es también de los otros. Son mentiras. El Hombre no sirve los intereses de ningún ser, exceptuando el suyo. Y entre nosotros, los animales, que haya perfecta unidad, perfecta camaradería en la lucha. Todos los hombres son enemigos. Todos los animales son camaradas."
George Orwell, Rebelión en la granja, 1945.
-Camaradas: vosotros os habéis enterado ya del extraño sueño que tuve anoche. De eso hablaré enseguida. Primero tengo que decir otra cosa. Yo no creo, camaradas, que esté muchos meses más con vosotros y antes de morir, estimo mi deber transmitiros la sabiduría adquirida. He vivido muchos años; dispuse de bastante tiempo para meditar mientras he estado a solas en mi pocilga y creo poder afirmar que entiendo la naturaleza de la vida en este mundo tan bien como cualquier otro animal viviente. Respecto a eso deseo hablaros.
-Veamos camaradas: ¿cuál es la realidad de esta vida nuestra? Mirémosla de frente: nuestras vidas son miserables, laboriosas y cortas. Nacemos, nos suministran la comida necesaria para mantenernos y a aquellos de nosotros capaces de hacerlo nos obligan a trabajar hasta el último aliento de nuestras fuerzas; y en el preciso instante en que nuestra utilidad ha terminado, nos matan con una crueldad espantosa. Ningún animal en Inglaterra conoce el significado de la felicidad o la holganza desde que cumple un año de edad. No hay animal libre, en Inglaterra. La vida de un animal es la miseria y la esclavitud; ésa es la pura verdad. Pero ¿es eso realmente parte del orden de la naturaleza? ¿Es acaso porque esta tierra nuestra es tan pobre que no puede proporcionar una vida decorosa a todos sus habitantes? No, camaradas; mil veces no. El suelo de Inglaterra es fértil, su clima es bueno; es capaz de dar comida en abundancia a una cantidad mucho mayor de animales que la que actualmente la habita. Solamente nuestra granja puede mantener una docena de caballos, veinte vacas, centenares de ovejas; y todos ellos viviendo con una comodidad y dignidad que en estos momentos están casi fuera del alcance de nuestra imaginación. ¿Por qué, entonces, continuamos en esta mísera condición? Porque los seres humanos nos arrebatan casi todo el fruto de nuestro trabajo. Ahí está, camaradas, la solución de todos nuestros problemas. Está todo involucrado en una sola palabra: Hombre. El Hombre es el único enemigo real que tenemos. Quitad al Hombre de la escena y el motivo originario de nuestra hambre y exceso de trabajo será abolido para siempre."
"El Hombre es el único ser que consume sin producir. No da leche, no pone huevos, es demasiado débil para tirar del arado y su velocidad ni siquiera le permite atrapar conejos. Sin embargo, es dueño y señor de todos los animales. Los hace trabajar, les devuelve el mínimo necesario para mantenerlos con vida y lo demás se lo guarda para él. Nuestro trabajo labra la tierra, nuestro estiércol la abona y, sin embargo, no existe uno de nosotros que posea algo más que su simple pellejo. Vosotras, vacas, que estáis aquí ¿cuántos miles de litros de leche habéis dado este último año? ¿Y qué se ha hecho con esa leche que debía servir para criar terneros robustos?. Hasta la última gota ha ido a parar a las gargantas de nuestros enemigos. Y vosotras, gallinas, ¿cuántos huevos habéis puesto este año y cuántos pollitos han salido de esos huevos?. Todo lo demás ha ido a parar al mercado para producir dinero para Jones y su gente. Y tú, Clover, ¿dónde están esos cuatro potrillos que has tenido, que debían ser el sostén y solaz de tu vejez?. Todos fueron vendidos al año; no los volverás a ver jamás. Como recompensa por tus cuatro criaturas y todo tu trabajo en el campo ¿qué has tenido, exceptuando tus magras raciones y un pesebre?"
"Ni siquiera nos permiten alcanzar el fin natural de nuestras míseras vidas. Por mí no me quejo, porque he sido uno de los afortunados. Llevo doce años y he tenido más de cuatrocientas criaturas. Ese es el destino natural de un cerdo. Pero ningún animal se libra del cruel cuchillo al final. Vosotros, jóvenes cerdos que estáis sentados delante, cada uno de vosotros va a chillar por su vida ante el cuchillo dentro de un año. A ese horror llegaremos todos: vacas, cerdos, gallinas, ovejas; todos. Ni siquiera los caballos y los perros tienen mejor destino. Tú, Boxer, el mismo día en que tus grandes músculos pierdan su fuerza, Jones te venderá al descuartizador, quien te cortará el pescuezo y te hervirá para los perros de caza. En cuanto a los perros, cuando están viejos sin dientes, Jones les ata un ladrillo al pescuezo y los ahoga en la laguna más cercana." "¿No resulta entonces de una claridad meridiana, camaradas, que todos los males de nuestras vidas provienen de la tiranía de los seres humanos?. Eliminad tan sólo al Hombre y el producto de nuestro trabajo será propio. Casi de la noche a la mañana nos volveríamos ricos y libres. Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer? ¡Trabajar noche y día, con cuerpo y alma, para destruir a la raza humana!. Ese es mi mensaje, camaradas: ¡Rebelión! Yo no sé cuándo vendrá esa rebelión; quizá de aquí a una semana o dentro de cien años; pero sí sé, tan ciertamente como veo esta paja bajo mis patas, que tarde o temprano se hará justicia. Fijad la vista en eso, camaradas, durante los pocos años que os quedan de vida! Y, sobre todo, transmitid mi mensaje a los que vendrán después, para que las futuras generaciones puedan proseguir la lucha hasta alcanzar la victoria." "Y recordad, camaradas: vuestra voluntad jamás deberá vacilar. Ningún argumento os debe desviar. Nunca escuchéis cuando os digan que el Hombre y los animales tienen un destino común; que la Prosperidad de uno es también de los otros. Son mentiras. El Hombre no sirve los intereses de ningún ser, exceptuando el suyo. Y entre nosotros, los animales, que haya perfecta unidad, perfecta camaradería en la lucha. Todos los hombres son enemigos. Todos los animales son camaradas."
George Orwell, Rebelión en la granja, 1945.
jueves, mayo 13, 2010
viernes, enero 22, 2010
viernes, enero 08, 2010
jueves, enero 07, 2010
Cerrando
Entre las corridas de fiestas-se termina el año-se termina el mundo me encontré sin querer pateando ideas que se me habían caído sin darme cuenta.
Primero, mi papá puso sobre la mesa la polémica, que nadie agarró, preguntándonos qué le dejamos sus hijos a nuestros hijos. Es decir, papá -que regaló casas a rolete a sus no-hijos- nos está intentando conscientizar sobre lo que le vamos a dejar a nuestros hijos.
-Tu bajo, ¿vos lo cuidás pensando que se lo vas a dejar a tus hijos?- preguntó mi papá que a sus hijos no les dejó ni a él mismo.
O se está guardando la gran sorpresa gran para cuando se nos vaya y cerrarnos el culo post-mortem, o todo este tiempo estuvo mirando otra película que yo no ví.
Unos días antes hizo una exposición para el profundo análisis. Después de haber vivido ¿7, 8? años en otro país, y de toda una vida de superación ideológica a las fiestas y demás huevada de almanaque; al enterarse que sus tres hijos iban a pasar las fiestas solos en el tigre y no con él en Merlo, preguntó casi ofendido "¿qué rebeldía es esa? ¿qué quieren demostrar yendose al tigre?"
¿Se puede llamar "rebeldía" a "me voy un fin de semana de 4 días a un lugar con pasto y río con mis hermanos" en lugar de ir a Merlo donde no conozco a nadie? ¿Y cómo se debería llamar a "me voy a vivir lejos del mundo a un lugar donde no conozco a nadie, y cuando vuelvo, voy a Merlo y cuestiono lo que hacen"? Yo diría que a eso se lo llama "romper los huevos", pero no va a faltar el sensible que se sienta tocado.
Y para cerrar, una de mujeres.
Una ex -mi mejor y más querida ex- me dijo que yo no solo no la tengo grande (sic), sino que además no soy el que mejor coge (sic).
Dejando de lado la envidia y los celos que me dan por su abundante y cualitativa vida sexual; creo que tristemente lo primero no tiene solución. ¿Será otra factura para pasarle a papá?
Lo polémico es lo segundo. ¿Será que tengo que practicar más, entonces, para ser mejor? Me gustaría ser mejor, me gustaría que quien esté conmigo la pase bien en serio. No creo que me haya querido decir eso, porque cuando practiqué -consciente de mi deficiencia- supe que no le había caído del todo macanudo. No hay poronga que les venga bien, ¿te das cuenta?
Si alguna chica se quiere ofrecer a tirarme un tip, o para ver algún libro didáctico o algo que me ayude en este problema, estaría encantado.
Primero, mi papá puso sobre la mesa la polémica, que nadie agarró, preguntándonos qué le dejamos sus hijos a nuestros hijos. Es decir, papá -que regaló casas a rolete a sus no-hijos- nos está intentando conscientizar sobre lo que le vamos a dejar a nuestros hijos.
-Tu bajo, ¿vos lo cuidás pensando que se lo vas a dejar a tus hijos?- preguntó mi papá que a sus hijos no les dejó ni a él mismo.
O se está guardando la gran sorpresa gran para cuando se nos vaya y cerrarnos el culo post-mortem, o todo este tiempo estuvo mirando otra película que yo no ví.
Unos días antes hizo una exposición para el profundo análisis. Después de haber vivido ¿7, 8? años en otro país, y de toda una vida de superación ideológica a las fiestas y demás huevada de almanaque; al enterarse que sus tres hijos iban a pasar las fiestas solos en el tigre y no con él en Merlo, preguntó casi ofendido "¿qué rebeldía es esa? ¿qué quieren demostrar yendose al tigre?"
¿Se puede llamar "rebeldía" a "me voy un fin de semana de 4 días a un lugar con pasto y río con mis hermanos" en lugar de ir a Merlo donde no conozco a nadie? ¿Y cómo se debería llamar a "me voy a vivir lejos del mundo a un lugar donde no conozco a nadie, y cuando vuelvo, voy a Merlo y cuestiono lo que hacen"? Yo diría que a eso se lo llama "romper los huevos", pero no va a faltar el sensible que se sienta tocado.
Y para cerrar, una de mujeres.
Una ex -mi mejor y más querida ex- me dijo que yo no solo no la tengo grande (sic), sino que además no soy el que mejor coge (sic).
Dejando de lado la envidia y los celos que me dan por su abundante y cualitativa vida sexual; creo que tristemente lo primero no tiene solución. ¿Será otra factura para pasarle a papá?
Lo polémico es lo segundo. ¿Será que tengo que practicar más, entonces, para ser mejor? Me gustaría ser mejor, me gustaría que quien esté conmigo la pase bien en serio. No creo que me haya querido decir eso, porque cuando practiqué -consciente de mi deficiencia- supe que no le había caído del todo macanudo. No hay poronga que les venga bien, ¿te das cuenta?
Si alguna chica se quiere ofrecer a tirarme un tip, o para ver algún libro didáctico o algo que me ayude en este problema, estaría encantado.
miércoles, diciembre 16, 2009
Naturaleza y espíritu
Echó a andar por la estrecha calzada. Y cuando estuvo a un centenar de pasos de los muros del convento, se detuvo, tomó aliento y lanzó, lo mejor que pudo, un graznido de lechuza. Otro graznido similar le respondió, arroyo abajo, en la lejanía.
"Nos llamamos a gritos, como los animales", pensó, recordando el amoroso momento de la tarde; y sólo entonces advirtió que él y Elisa únicamente al final de todo, cuando ya concluían las caricias, habían cambiado algunas palabras, y, para eso, pocas y sin importancia. ¡Qué largas conversaciones había sostenido con Narciso! Ahora, en cambio, a lo que parecía, acababa de entrar en un mundo en que no se hablaba, en el que solamente se empleaban graznidos de lechuza, en el que las palabras carecían de significación. Y estaba plenamente conforme, no tenía la menor necesidad de palabras ni de pensamientos, sino, exclusivamente, de Elisa, de aquel silencioso, ciego, mudo sentir y hurgar, de aquel manso y suspirante derretirse.
Allí estaba ya Elisa. Venía hacia él, saliendo del bosque. Goldmundo alargó los brazos, para sentirla, abrazó con manos que tentaban tiernamente su cabeza, su cabello, su cuello y nuca, su cuerpo esbelto y aquellas firmes caderas. Ciñéndole el talle con el brazo, se fue con ella, sin hablar, sin preguntar adonde. Enderezaba, sin duda, hacia el bosque nocturno, y a él costábale trabajo caminar a su vera; parecía que los ojos de la joven vieran en la noche, como los de los zorros y las martas, pues jamás daba tropezón ni traspié. Goldmundo se dejaba llevar a través de la noche, del bosque, de la ciega y misteriosa región, sin palabras ni pensamientos. Ya no pensaba en nada, ni siquiera en el convento que acababa de dejar, ni siquiera, en Narciso.
En silencio recorrieron una oscura parte del bosque, marchando unas veces sobre blando, mullido musgo y otras sobre duros costillares de raíces; a veces había sobre sus cabezas jirones del cielo luminoso entre altas y ralas copas de árboles, y a veces todo estaba en tinieblas; de cuando en cuando alguna rama les golpeaba en el rostro o alguna zarza se les prendía al vestido. Ella conocía perfectamente aquellos parajes y se orientaba con gran seguridad, jamás se detenía, jamás vacilaba. Al cabo de un buen rato vinieron a encontrarse entre unos pinos solitarios, muy separados; vasto y lejano aparecía el pálido cielo de la noche, había terminado el bosque, la joven se dirigió a un valle lleno de prados, olía dulcemente a heno. Vadearon un arroyuelo que fluía calladamente; aquí, en campo abierto, el silencio era mayor que en medio del bosque: no había ramaje rumoroso, ni animales nocturnos que saltaban de pronto, ni crujir de madera seca.
Elisa se detuvo junto a un gran montón de heno.
—Aquí nos quedamos —dijo.
Sentáronse en el heno, respirando, al fin, a sus anchas y gozando del reposo, los dos un poco cansados. Se tendieron, escuchaban el silencio, sentían cómo se les iban secando las frentes y las caras se enfriaban gradualmente. Goldmundo, en placentera fatiga, doblaba, jugando, una rodilla y la volvía a extender, aspiraba la noche y el aroma del heno en largas inspiraciones y no pensaba ni en atrás ni en el futuro. Sólo lentamente se dejó atraer y embelesar por el perfume y el calor de su amada, respondía de tanto en tanto al acariciar de sus manos y percibía, radiante de dicha, cómo la joven empezaba, poco a poco, a encenderse a su lado y se le acercaba cada vez más. No, aquí no se necesitaban palabras ni pensamientos. Sentía con claridad todo lo que era importante y hermoso, el vigor juvenil y la sana, sencilla belleza del cuerpo femenino, su enardecimiento y su apetencia; y también sentía con claridad que en esta ocasión quería ella ser amada de modo distinto del de la primera vez, que ahora no quería seducirlo y enseñarlo sino esperar su ataque y su deseo. Dejaba quedamente que las magnéticas corrientes le recorrieran el cuerpo y percibía lleno de dicha aquel mudo fuego mansamente creciente que en ellos se agitaba y que convertía su pequeña yacija en centro resollante y ardoroso de la noche callada.
Cuando, luego de inclinarse sobre el rostro de Elisa, empezó a besarle los labios, advirtió, de pronto, que los ojos y la frente estaban envueltos en una suave luz, y se quedó mirando asombrado y vio que el resplandor subía y se incrementaba rápidamente. Entonces cayó en la cuenta y se volvió: sobre la línea de los bosques negros y dilatados se elevaba la luna. Veía derramarse mágicamente la blanca y suave luz por la frente y las mejillas de la muchacha, por su cuello torneado y delicioso, y, arrobado, dijo con voz apagada:
—¡Qué hermosa eres!
Sonrió complacido, se incorporó a medias, le abrió delicadamente el vestido por el pecho y la sostuvo y la libró de su corteza, como una fruta, hasta que, finalmente, los hombros y el busto brillaron desnudos a la fría luz de la luna. Con los ojos y los labios seguía extático las delicadas sombras, mirando y besando; y ella permanecía inmóvil, como hechizada, con la mirada baja y una grave expresión, como si en aquel instante se hubiese descubierto y revelado por vez primera, también a ella, su hermosura.
Narciso y Goldmundo, fragmento;
Herman Hesse, 1930.
"Nos llamamos a gritos, como los animales", pensó, recordando el amoroso momento de la tarde; y sólo entonces advirtió que él y Elisa únicamente al final de todo, cuando ya concluían las caricias, habían cambiado algunas palabras, y, para eso, pocas y sin importancia. ¡Qué largas conversaciones había sostenido con Narciso! Ahora, en cambio, a lo que parecía, acababa de entrar en un mundo en que no se hablaba, en el que solamente se empleaban graznidos de lechuza, en el que las palabras carecían de significación. Y estaba plenamente conforme, no tenía la menor necesidad de palabras ni de pensamientos, sino, exclusivamente, de Elisa, de aquel silencioso, ciego, mudo sentir y hurgar, de aquel manso y suspirante derretirse.
Allí estaba ya Elisa. Venía hacia él, saliendo del bosque. Goldmundo alargó los brazos, para sentirla, abrazó con manos que tentaban tiernamente su cabeza, su cabello, su cuello y nuca, su cuerpo esbelto y aquellas firmes caderas. Ciñéndole el talle con el brazo, se fue con ella, sin hablar, sin preguntar adonde. Enderezaba, sin duda, hacia el bosque nocturno, y a él costábale trabajo caminar a su vera; parecía que los ojos de la joven vieran en la noche, como los de los zorros y las martas, pues jamás daba tropezón ni traspié. Goldmundo se dejaba llevar a través de la noche, del bosque, de la ciega y misteriosa región, sin palabras ni pensamientos. Ya no pensaba en nada, ni siquiera en el convento que acababa de dejar, ni siquiera, en Narciso.
En silencio recorrieron una oscura parte del bosque, marchando unas veces sobre blando, mullido musgo y otras sobre duros costillares de raíces; a veces había sobre sus cabezas jirones del cielo luminoso entre altas y ralas copas de árboles, y a veces todo estaba en tinieblas; de cuando en cuando alguna rama les golpeaba en el rostro o alguna zarza se les prendía al vestido. Ella conocía perfectamente aquellos parajes y se orientaba con gran seguridad, jamás se detenía, jamás vacilaba. Al cabo de un buen rato vinieron a encontrarse entre unos pinos solitarios, muy separados; vasto y lejano aparecía el pálido cielo de la noche, había terminado el bosque, la joven se dirigió a un valle lleno de prados, olía dulcemente a heno. Vadearon un arroyuelo que fluía calladamente; aquí, en campo abierto, el silencio era mayor que en medio del bosque: no había ramaje rumoroso, ni animales nocturnos que saltaban de pronto, ni crujir de madera seca.
Elisa se detuvo junto a un gran montón de heno.
—Aquí nos quedamos —dijo.
Sentáronse en el heno, respirando, al fin, a sus anchas y gozando del reposo, los dos un poco cansados. Se tendieron, escuchaban el silencio, sentían cómo se les iban secando las frentes y las caras se enfriaban gradualmente. Goldmundo, en placentera fatiga, doblaba, jugando, una rodilla y la volvía a extender, aspiraba la noche y el aroma del heno en largas inspiraciones y no pensaba ni en atrás ni en el futuro. Sólo lentamente se dejó atraer y embelesar por el perfume y el calor de su amada, respondía de tanto en tanto al acariciar de sus manos y percibía, radiante de dicha, cómo la joven empezaba, poco a poco, a encenderse a su lado y se le acercaba cada vez más. No, aquí no se necesitaban palabras ni pensamientos. Sentía con claridad todo lo que era importante y hermoso, el vigor juvenil y la sana, sencilla belleza del cuerpo femenino, su enardecimiento y su apetencia; y también sentía con claridad que en esta ocasión quería ella ser amada de modo distinto del de la primera vez, que ahora no quería seducirlo y enseñarlo sino esperar su ataque y su deseo. Dejaba quedamente que las magnéticas corrientes le recorrieran el cuerpo y percibía lleno de dicha aquel mudo fuego mansamente creciente que en ellos se agitaba y que convertía su pequeña yacija en centro resollante y ardoroso de la noche callada.
Cuando, luego de inclinarse sobre el rostro de Elisa, empezó a besarle los labios, advirtió, de pronto, que los ojos y la frente estaban envueltos en una suave luz, y se quedó mirando asombrado y vio que el resplandor subía y se incrementaba rápidamente. Entonces cayó en la cuenta y se volvió: sobre la línea de los bosques negros y dilatados se elevaba la luna. Veía derramarse mágicamente la blanca y suave luz por la frente y las mejillas de la muchacha, por su cuello torneado y delicioso, y, arrobado, dijo con voz apagada:
—¡Qué hermosa eres!
Sonrió complacido, se incorporó a medias, le abrió delicadamente el vestido por el pecho y la sostuvo y la libró de su corteza, como una fruta, hasta que, finalmente, los hombros y el busto brillaron desnudos a la fría luz de la luna. Con los ojos y los labios seguía extático las delicadas sombras, mirando y besando; y ella permanecía inmóvil, como hechizada, con la mirada baja y una grave expresión, como si en aquel instante se hubiese descubierto y revelado por vez primera, también a ella, su hermosura.
Narciso y Goldmundo, fragmento;
Herman Hesse, 1930.
domingo, diciembre 13, 2009
1984
En cierto modo la visión del mundo inventada por el Partido se imponía con excelente éxito a la gente incapaz de comprenderla. Hacía aceptar las violaciones más flagrantes de la realidad porque nadie comprendía del todo la enormidad de lo que se les exigía ni se interesaba lo suficiente por los acontecimientos públicos para darse cuenta de lo que ocurría. Por falta de comprensión, todos eran políticamente sanos y fieles. Sencillamente, se lo tragaban todo y lo que se tragaban no les sentaba mal porque no les dejaba residuos lo mismo que un grano de trigo puede pasar, sin ser digerido y sin hacerle daño, por el cuerpecito de un pájaro.
George Orwell, 1984
George Orwell, 1984
martes, noviembre 17, 2009
Algunos se ahogan en un vaso de agua, otros se lo toman. Algunos ven esto y se escandalizan, otros se dan de alta. Algunos escriben con aires de superado, otros leen y se ofenden. Otros no entienden.
viernes, noviembre 06, 2009
martes, octubre 13, 2009
Decía mi abuelo
mecache indiés.
Mientras tanto sigo planteándome que debería hacerme ciertos planteos.
Mientras tanto sigo planteándome que debería hacerme ciertos planteos.
jueves, octubre 08, 2009
Las piernas
1993, colegio primario. Mi señorita era Teresita.
Teresita algunas veces usaba una pollera cortita y unas medias de esas que hacen parecer las piernas suavecitas y bronceadas; y a mi me gustaba mucho cuando la veía. Sabía que era un verso, que eran medias, pero así y todo me gustaba.
Un día vino un tal Barraganes -con quien no tenía mucho trato porque era de la otra división- y entre pitos y flautas me dijo "a vos te gusta tu señorita".
¿Cómo supo, si yo no se lo había dicho a nadie? ¿Tanto se notaba que le miraba las piernas a la señorita Teresita?
Termino cayendo ahora: al barriga también le gustaba mi señorita.
Teresita algunas veces usaba una pollera cortita y unas medias de esas que hacen parecer las piernas suavecitas y bronceadas; y a mi me gustaba mucho cuando la veía. Sabía que era un verso, que eran medias, pero así y todo me gustaba.
Un día vino un tal Barraganes -con quien no tenía mucho trato porque era de la otra división- y entre pitos y flautas me dijo "a vos te gusta tu señorita".
¿Cómo supo, si yo no se lo había dicho a nadie? ¿Tanto se notaba que le miraba las piernas a la señorita Teresita?
Termino cayendo ahora: al barriga también le gustaba mi señorita.
martes, octubre 06, 2009
Juan es bueno
...después de ver ningunos títulos me doy cuenta de que quizás yo tambien quería una escena de película.
lunes, septiembre 28, 2009
Desde el alma
Alma, si tanto te han herido,
¿por qué te niegas al olvido?
¿Por qué prefieres
llorar lo que has perdido,
buscar lo que has querido,
llamar lo que murió?
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena,
tan buena como fuiste
por amor.
Fue lo que empezó una vez,
lo que después dejó de ser.
Lo que al final
por culpa de un error
fue noche amarga del corazón.
¡Deja esas cartas!
¡Vuelve a tu antigua ilusión!
Junto al dolor
que abre una herida
llega la vida
trayendo otro amor.
Alma, no entornes tu ventana
al sol feliz de la mañana.
No desesperes,
que el sueño más querido
es el que más nos hiere,
es el que duele más.
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena,
tan buena como fuiste
por amor.
Homero Manzi
¿por qué te niegas al olvido?
¿Por qué prefieres
llorar lo que has perdido,
buscar lo que has querido,
llamar lo que murió?
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena,
tan buena como fuiste
por amor.
Fue lo que empezó una vez,
lo que después dejó de ser.
Lo que al final
por culpa de un error
fue noche amarga del corazón.
¡Deja esas cartas!
¡Vuelve a tu antigua ilusión!
Junto al dolor
que abre una herida
llega la vida
trayendo otro amor.
Alma, no entornes tu ventana
al sol feliz de la mañana.
No desesperes,
que el sueño más querido
es el que más nos hiere,
es el que duele más.
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena,
tan buena como fuiste
por amor.
Homero Manzi
martes, agosto 25, 2009
I'm not paid for that
Primer día en Quebec. Después de un fútbol con amigos de mi papá, agarré el auto y fui a visitar a Gala a la casa de Jacques Cartier al 500. Justo antes de salir, mi papá me dice que el auto tenía poca nafta, que seguramente podía ir y volver de lo de Gala, pero que igual prefería que le ponga un poco más de combustible. Me dijo dónde quedaba la estación de servicio más cercana; una sobre la calle King, me dio la tarjeta de débito de él y me pasó los cinco números de la clave.
Subí al auto, un auto negro muy lindo y muy pistero; y siguiendo un poco el mapa y un poco las instrucciones de mi papá fui a la estación. No había playeros, solamente una gordita rubia en una cabinita, al fondo. Estacioné el auto en el surtidor, bajé y busqué la tapita del tanque. La encontré del lado del conductor, sobre el guardabarros; pero no tenía manera de abrirlo: no se podía abrir por la fuerza, estaba trabado, ni tenía un agujerito para la llave.
Entré a la cabinita donde estaba la gorda rubia; y le dije en inglés que quería cargar nafta. La gorda, cuyo idioma materno era el francés, sacó la mirada de la revista que estaba leyendo y me dijo en un inglés de muy mala gana "I'm not paid for that".
Maldita gorda.
Entonces con mucho esfuerzo le pregunté, esta vez en francés (creo) cómo hacía para abrir la tapita del tanque. Me contó que, al lado del asiento del conductor, del lado de la puerta, hay una palanquita que solamente se ve con la puerta abierta, que sirve para abrir el tanque; y otra para abrir el baúl. Salí de la cabinita, abrí el auto y, efectivamente, estaba ahí la palanquita. Tiré y sentí el ruido de la tapa abriéndose.
Cargué nafta, literalmente. Era autoservicio. Tomé el pico del surtidor, apreté la manija y sin saber bien cuánto había cargado, después de un rato lo apagué. Entré de nuevo a la cabinita, le dí la tarjeta a la gorda, que la pasó por el posnet y estirando la mano lo dio vuelta hacia mí. La miré para ver si me miraba, y como había vuelto la mirada a la revista, puse la clave de cinco dígitos. Me dio el ticket y me fui con mi hermana a la casa de Gala, en Jacques Cartier al 500.
Desde entonces me acuerdo esa frase: "I'm not paid for that"
Subí al auto, un auto negro muy lindo y muy pistero; y siguiendo un poco el mapa y un poco las instrucciones de mi papá fui a la estación. No había playeros, solamente una gordita rubia en una cabinita, al fondo. Estacioné el auto en el surtidor, bajé y busqué la tapita del tanque. La encontré del lado del conductor, sobre el guardabarros; pero no tenía manera de abrirlo: no se podía abrir por la fuerza, estaba trabado, ni tenía un agujerito para la llave.
Entré a la cabinita donde estaba la gorda rubia; y le dije en inglés que quería cargar nafta. La gorda, cuyo idioma materno era el francés, sacó la mirada de la revista que estaba leyendo y me dijo en un inglés de muy mala gana "I'm not paid for that".
Maldita gorda.
Entonces con mucho esfuerzo le pregunté, esta vez en francés (creo) cómo hacía para abrir la tapita del tanque. Me contó que, al lado del asiento del conductor, del lado de la puerta, hay una palanquita que solamente se ve con la puerta abierta, que sirve para abrir el tanque; y otra para abrir el baúl. Salí de la cabinita, abrí el auto y, efectivamente, estaba ahí la palanquita. Tiré y sentí el ruido de la tapa abriéndose.
Cargué nafta, literalmente. Era autoservicio. Tomé el pico del surtidor, apreté la manija y sin saber bien cuánto había cargado, después de un rato lo apagué. Entré de nuevo a la cabinita, le dí la tarjeta a la gorda, que la pasó por el posnet y estirando la mano lo dio vuelta hacia mí. La miré para ver si me miraba, y como había vuelto la mirada a la revista, puse la clave de cinco dígitos. Me dio el ticket y me fui con mi hermana a la casa de Gala, en Jacques Cartier al 500.
Desde entonces me acuerdo esa frase: "I'm not paid for that"
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

